LA VIRGEN QUE EJERCE CON ORGULLO DE ALTURANÍA.

En la ancestral y fraternal disputa entre alturanos y segorbinos, son varios los pleitos que han mantenido ambas poblaciones: por lindes, por el reparto de las aguas del manantial de La Esperanza, por el expolio de la Cartuja de Val de Cristo (muchas de las piezas procedentes de la Cartuja se hallan en Segorbe)… Entrando en el terreno de la anécdota, se discute por cuál es el mejor agua, cuál la mejor olla de pueblo, o cuáles las muchachas más guapas.

Pero probablemente el más persistente de los pleitos entre alturanos y segorbinos (con el permiso de los demás pueblos de la comarca) es el que se vive, casi permanentemente, a propósito de la Virgen de la Cueva Santa. Esgrimen pertinazmente los segorbinos que el Santuario de la Cueva Santa está adscrito y pertenece a la Diócesis de Segorbe-Castellón, lo que, a su juicio, es motivo suficiente para reivindicar la filiación segorbina de la Virgen de la Cueva Santa.

Bueno será, por tanto, aclararlo desde esta plataforma virtual:

La Iglesia Católica se organiza como estructura piramidal, jerárquica y territorialmente: una parroquia (por ejemplo, la de Altura) está al cargo de un sacerdote “con cura de almas” (es decir, que puede perdonar los pecados), que por ello recibe de ordinario el nombre de cura-párroco (por ejemplo, don Juan Manuel Gallent, cura-párroco de Altura). La parroquia puede tener uno o varios templos de culto donde celebrar actos litúrgicos (por ejemplo, en Altura, la Iglesia de San Miguel, el Santuario de la Cueva Santa, el Convento capuchino de Fray Luís Amigó, la ermita de Santa Bárbara, la ermita de la Purísima…), eligiendo el cura párroco aquél que constituirá su sede, que se conoce con el nombre de “iglesia parroquial” (por ejemplo, en Altura, la Iglesia parroquial de San Miguel). Diferentes parroquias se agrupan en una diócesis, que está al cargo de un obispo. Podríamos seguir ascendiendo de jerarquía –arzobispo, cardenal…- pero nos quedaremos en el obispado. Todas las parroquias de una diócesis están al mismo nivel jerárquico (sin importar el tamaño del templo), de modo que, por ejemplo, la Iglesia de Santa María de la Asunción en Segorbe y la Iglesia de San Mateo Apóstol de Azuébar tienen la misma jerarquía. El obispo de la diócesis (como antes hemos visto para el cura párroco) elige de entre todas las parroquias de la diócesis, cuál será su sede, el lugar donde con sus sermones “sentará cátedra”, recibiendo por ello dicho templo el nombre de “Iglesia catedral”, o por simplificación, “catedral”, que por supuesto no tiene que coincidir con la iglesia más grande ni con la más rica, aunque suela ser así (por ejemplo, en la diócesis de Segorbe-Castellón, la Iglesia de Santa María de la Asunción en Segorbe). Esa iglesia catedral es la catedral de toda la diócesis, por lo que, técnicamente hablando, la Iglesia de Santa María de la Asunción es la iglesia catedral de Altura (como es la iglesia catedral de Navajas, de Jérica, o de Azuébar), pero tildaríamos de mentecato al que pretendiera sostener que la catedral de Santa María de la Asunción es de Altura, porque se erigió y se ubica en Segorbe, aunque extienda su ámbito a toda la diócesis.

Del mismo modo, todos los templos de una diócesis pertenecen a dicha diócesis (lamento la tautología pueril, pero es necesario para que algunos lo entiendan), pero tildaríamos de mentecato a aquél que pretendiera sostener que por el hecho de formar parte de la diócesis de Segorbe-Castellón, la Iglesia de Azuébar es una iglesia de Segorbe. La Iglesia de San Mateo Apóstol es de Azuébar, por mucho que pertenezca a la diócesis de Segorbe-Castellón.

Vamos con la Virgen de la Cueva Santa. Hasta donde está documentado, la talla de la Virgen de la Cueva Santa se realizó en la Cartuja de Vall de Cristo (término municipal de Altura) hacia el tránsito de los siglos XIV y XV (es decir, hacia el año 1400). La realización de la imagen se atribuye a fray Bonifacio Ferrer (1350-1417), hermano de San Vicente Ferrer, y prior –durante algunos años- de la Cartuja, a donde llegó en el año 1410 pasando allí los siete últimos años de su vida (hoy Bonifacio Ferrer está enterrado en la Cueva Santa, tras haberlo estado en la Cartuja y en la Iglesia parroquial de San Miguel en Altura, con lo que la atribución de su autoría es plenamente factible). Bonifacio Ferrer habría dedicado parte de su tiempo durante su estancia en la Cartuja a la confección de esa imagen en yeso, por lo que la ejecución física de la talla hubo de realizarse entre los años 1410 (llegada de Bonifacio Ferrer a la Cartuja) y 1417 (fallecimiento de Bonifacio Ferrer). Por supuesto, es imposible saber si en efecto fue fray Bonifacio Ferrer el autor de la talla, pero la tradición, insisto, la atribuye a fray Bonifacio.

¿Y para qué hizo Bonifacio Ferrer esa talla? Lo primero que llama la atención es su tamaño: aproximadamente la imagen mide 20 cm de alto por 10 de ancho; es por tanto una talla “de bolsillo” (si se nos permite la expresión, que no intenta ser blasfema). Y es que al parecer esa era precisamente su finalidad: fray Bonifacio no habría realizado una sola imagen, sino que habría sido el artífice de un molde para realizar muchas imágenes iguales, imágenes que realizaría en yeso (material barato y fácil de moldear y trabajar) para entregarlas a los pastores de Altura, los cuales podrían así transportarla cómodamente en sus zurrones y encomendarse a ella en sus oraciones diarias durante el tiempo en que permanecían por los montes con el ganado.

Se admite generalmente que uno de aquellos pastores (recuérdese que hablamos de los años 1410 a 1417) se resguardó durante algunos días con su ganado en la espaciosa cueva del Latonero (término municipal de Altura), pues sabía que allí había un manantial donde podría abrevar y descansar tanto él como el ganado, quedando mejor resguardado de las inclemencias meteorológicas; el pastorcillo colocó la Virgen realizada por fray Bonifacio Ferrer en un replano de la roca, y allí le rezaba sus oraciones; pero al abandonar la cavidad no se llevó consigo la imagen que le había dado el fraile cartujo, quedando allí –probablemente a fin de reencontrarla en próximas visitas del pastor a la cueva-.

Hacia el año 1500 –es decir, aproximadamente un siglo después- otro pastor halló en la cueva del Latonero (término municipal de Altura) la imagen de la Virgen tallada en yeso que dejara aquél primitivo pastor; la noticia se conoció en la comarca y poco a poco fueron acudiendo visitantes a la cueva para ver la imagen de la Virgen, si bien al poco tiempo la gente fue perdiendo interés. En 1574 Juan Montserrate y su esposa Isabel Martínez hubieron de abandonar Jérica debido al rechazo que en sus vecinos provocaba la enfermedad de lepra que padecía el esposo; Isabel entonces recordó la existencia de la cueva y de la imagen de la Virgen y hacia allí se dirigieron en busca de refugio y para colocarse bajo la protección de la Madre de Dios; a los pocos días de lavar las llagas de Juan Montserrate con el agua que rezumaba la cueva, éste curó milagrosamente y las llagas desaparecieron; regresados al pueblo nadie quiso creerles, hasta que los médicos y el cura del lugar (ayudado, según cuenta la tradición, por las apariciones de San Joaquín y Santa Ana, así como de San Vicente Ferrer) certificaron la realidad de los hechos. Isabel acudió entonces a la cueva en busca de la imagen para trasladarla a Jérica, pero por dos veces la imagen desapareció de la cesta donde la transportaba para reaparecer en la cueva, lo que demostró que la voluntad de la Virgen era permanecer allí donde había sido hallada –es decir, en término de Altura-. Así se hizo, acondicionando primero la cueva y con los años fomentando la construcción del Santuario (en término municipal de Altura), al tiempo que se sucedían los milagros que hoy podemos leer en los cuadros cerámicos que decoran la entrada a la cueva [para mayor información, consúltense las siguientes entradashttp://es.wikipedia.org/wiki/Santuario_de_la_Cueva_Santa_(Altura)
, y http://www.upv.es/~csahuqui/lyscueva.html ].

De modo que la Virgen de la Cueva Santa nació en Altura, vivió en Altura, se negó a marcharse de Altura y sigue en Altura: la imagen se talló en la Cartuja de Vall de Cristo (Altura). Tras aparecer en la Cueva del Latonero (Altura) -que pasaría a llamarse la Cueva Santa- Isabel Martínez, esposa del leproso Juan Montserrate de Jérica, quiso llevársela a Jérica, pero hasta por dos veces la imagen desapareció del canasto para reaparecer en la Cueva, dando con ello fe de que quería permanecer en término de Altura. El Santuario De La Cueva Santa se erigió pues en término de Altura, donde siempre ha vivido la Virgen de la Cueva Santa, que es por tanto alturana de nacimiento (la cartuja de Vall de Cristo) y alturana de residencia (la Cueva Santa en término de Altura).

Por si quedara alguna duda, el rector del santuario es el cura párroco de Altura –hoy don Juan Manuel Gallent-, y desde el año 1955 la Virgen de la Cueva Santa es la Alcaldesa Perpetua de Altura como atestigua el bastón de mando que luce.

Por lo demás, en la fotografía que ilustra este artículo se advierte que la talla de la Virgen está sujeta por fray Bonifacio Ferrer (a la derecha, de pie) a quien se atribuye su autoría (h. año 1400), y por el pastorcillo que la encontró (a la izquierda, genuflexionado) a quien se atribuye su hallazgo un siglo después (h. año 1500).

De modo que aunque el Santuario de la Cueva Santa está adscrito a la diócesis de Segorbe-Castellón (como la Iglesia de San Mateo Apóstol de Azuébar, la Iglesia de Santa Águeda de Jérica o la Iglesia de la Virgen de la Luz de Navajas), la Virgen de la Cueva Santa es alturana (y ejerce con orgullo de alturanía) desde su mismo nacimiento y hasta la actualidad. Eso no significa que los alturanos seamos “dueños de” una Virgen -pues en todo caso será al revés, somos sus fieles servidores y nos colocamos bajo su protección-, pero este pleito lo tienen perdido los segorbinos.

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Fdo.: José Ignacio González Ors.

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