102 años del alumbramiento del manantial de Berro

Contextualicemos un poco el devenir de nuestro manantial y su relación con la Virgen de la Cueva Santa y el pueblo de Altura:

La regencia de María Cristina concluyó en 1902, dando paso al período constitucional del reinado de Alfonso XIII, que duró hasta 1923. Se iniciará entonces un momento histórico convulso y lleno de cambios de gobierno en España que afectará a todos los sectores y, desde luego, a la propia Villa de Altura.Foto de Elías del Manantial del Berro

Años y años, la población de la Villa de Altura estuvo buscando agua propia o algún medio para adquirirla. A pesar de poseer numerosas fuentes en su término, éstas se encontraban muy alejadas de la propia población. Una de las soluciones que los propios alturanos tomaron, consistía en realizar viajes con cantaros a poblaciones aledañas, para llenar el preciado bien acuoso y poder proveerse de él. Ello conllevó muchas disputas y problemas, sin contar el tiempo y el esfuerzo diario empleado en ello.

Una de las soluciones tomadas siglos atrás había sido la construcción de la balsa de riego denominada Balsa Mayor, construida con la ayuda de la Cartuja de ValldeCrist, que canalizaba el agua desde el Manantial de la Esperanza, hasta el Batán del Trapo; y de éste hasta la propia balsa. Pero debido a que el agua se empleaba en el Batán del Trapo y luego se acumulaba en la balsa, ésta no era potable y servía únicamente para regar.

Los alturanos rogaban en aquellos años por uno de los milagros por los que era famosa la Virgen de la Cueva Santa. Además durante estos mismos años, el Santuario estaba siendo objeto de mejora y cambio, adaptándolo para una mejor devoción.
Así, en Agosto de 1904 el Iltre. D. José Suesta, natural de la villa de Altura y Maestrescuela de la Catedral de Orihuela, colocó la nueva verja para la capilla interior del Santuario de la Cueva Santa, una verja de aluminio que llegó a costar 9000 de las antiguas pesetas. No pasaría mucho tiempo, escasos tres años, en Agosto de 1907, se harían de pórtlan las paredes de la capilla y de cemento armado la mesa del altar, costando todo 550 pesetas. Dos años después, en 1909, se colocaron los ventanales de cristal frente al altar del Santo Cristo de los Milagro, construidos en Valencia y con un coste de 300 pesetas.

Tras tanta penuria y miseria, fue en el año 1911, cuando bajo la alcaldía de Don Agustín Sebastián, se tomó la firme decisión de perforar un pozo subterráneo junto a la fuente del Berro, con la esperanza de descubrir en él algún pozo interior que pudiera proveer de agua a la población de manera continua.

10675759_1009350435748669_4964935671815550512_nUno de los datos religiosos que demuestran la devoción y admiración de la villa a la Vírgen de la Cueva Santa se produjo cuando los alturanos y alturanas, desesperados por encontrar una solución pidieron descender su imagen a la Iglesia de San Miguel Arcángel para poder rogarle de cerca por el futuro hallazgo de agua.

Mientras tanto el santuario seguía acogiendo obras para su mejora, mientras el pueblo le rogaba la tan preciada agua que necesitaba, en Julio de 1911, se construyó la escalera de piedra de la Cueva, obra por D. Miguel Carcasés Cebrián, natural de la villa de Altura, el total de la piedra empleada ascendió a 1500 pesetas. En ese momento el santuario costeó con 1429 pesetas la colocación del balcón del coro y el pasamanos de hierro. En 1913, aún sin hallar agua en el berro, las obras en el santuario se sucedían. Se colocó el altar actual del Santo Cristo, llamado “de los Milagros”. Este Santo Cristo fue cedido por la parroquia de la villa de Altura, y en 1915 fue restaurado por el dorador Vicente Balaguer de Valencia.

El agua seguía sin llegar, el pueblo desesperaba, las donaciones al santuario y las obras que en él se realizaban no parecían servir de ofrenda, bien reconocida la devoción alturana, para que se obrara el milagro. Se aceptó entonces la propuesta que el pueblo había realizado, y se procedió a descender del Santuario a la imagen de la Virgen de la Cueva Santa. Así, mientras los alturanos buscaban incansablemente y con gran tesón el agua, los demás residentes de la villa rogaban a la Virgen en la Iglesia. Para complicar más las cosas, durante una de las excavaciones se produjo un trágico derrumbe dentro del propio pozo, lo que provocó un gran sentimiento de imposibilidad de encontrar el agua y el desánimo por no encontrarla se adueñó del corazón de algunos alturanos. A pesar de ello, hubo otros tantos alturanos que no se amilanaron frente a tantas adversidades, los esfuerzos por hallar el agua continuaron mientras se construía una galería precaria y muy estrecha, en la que prácticamente cabía sólo una persona.

La impotencia se hacía latente y los días pasaban sin lograr hallazgos concluyentes de que el agua fuera a aparecer en aquel pozo, tal vez estaban escavando simplemente la tierra, tal vez debajo de aquel pozo no había más agua, tal vez los zahoríes se habían equivocado, tal vez habían malgastado años de esfuerzos en balde, la situación se había vuelto crítica y, por ello, se procedió a realizar un novenario en honor a la Virgen de la Cueva Santa, rogándole por un milagro por el que llevaban años luchando y sufriendo.

Fue entonces, cuando, durante uno de estos novenarios se produjo el “milagro”.

En total fueron cuatro duros años de arduos trabajos bajo tierra, con los peligros que esto implica, sin más herramientas que el pico y la pala. Durante todo éste tiempo, los alturanos habían logrado abrir una galería de unos 500 metros de longitud que discurría veintiún metros por debajo de la fuente del Berro. Finalmente en dicha galería comenzó a manar un gran caudal de agua durante la noche del 24 al 25 de Marzo de 1915.

Aquella noche, las campanas sonaron sin descanso para avisar a todos los habitantes que por fin se había logrado, que la villa había conseguido finalmente su preciada agua propia. Que era el fin de la penuria y el inicio de una nueva era para la villa.

Ya en Diciembre, seguirían las aportaciones al Santuario, ahora con júbilo y alegría por la preciada y necesitada agua, así se colocaron los ventanales con alegorías eucarísticas en la capilla de la comunión, con un montante de 322 pesetas.

Fdo.: Elías Miguel Marqués Asensio.

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